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NO CESARÁ LA VIDA, por David G. Roca

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  Relato ganador del II Certamen de Relatos Cortos de la asociación AYAC (Yecla, Murcia). El sol de diciembre imprime blandamente sobre el asfalto del aparcamiento una sombra afilada cuyo dueño la arrastra, las manos entumecidas en los bolsillos y el labio inferior mordisqueado como un dátil desabrido e infinito, hasta reintegrar su escasa figura en la penumbra inmensa del complejo hospitalario. El hombre accede al recinto con toda la premura que le permite la leve cojera de la pierna izquierda. Atraviesa la jauría de cigarrillos acechantes en su aroma de nostalgia y rencor, ignorando los susurros de humo a los que se ha jurado no devolver ya nunca el saludo. Algunos de los allí congregados ni siquiera serán familiares de visita, sino pacientes recién dados de alta. Se traga la pena sin masticar y avanza. Acusa la humedad del mar cercano clavada en los huesos. La molestia de cada paso reduce el trecho que le separa a partes iguales de un futuro colmado de ayeres y de un pasado aú...

EL ECLIPSE, por Augusto Monterroso

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[Hay muchos y muy buenos pensadores que han dedicado sus vidas enteras a intentar dilucidar, diseccionar y definir el concepto de eurocentrismo en un necesario intento de poner en valor el desarrollo intelectual y científico hecho al margen de la normatividad blanca occidental como herramienta teórica para la superación del paternalismo epistemológico históricamente ejercido hacia el sur global y de sus trágicas secuelas coloniales e imperiales. Sin embargo, no creo que haya ensayo filosófico que pueda presentarlo con la sencillez, el brillo y la maestría con que lo hace Monterroso en esta breve joya publicada en 1959. El Eclipse. Disfrutadlo.] Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularme...

INTRODUCCIÓN A LA SINTAXIS [MICRORRELATO], por David G. Roca

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Las dos lecciones anteriores las habían ocupado en aprender a identificar los diferentes tipos de sintagmas. Encima de la mesa, sintagma adverbial; los niños perdidos, nominal; muy satisfechos con el resultado, adjetival; éramos felices, verbal. Veintiséis bolígrafos rodando casi al unísono sobre sendas páginas en un serpenteo multicolor de tintas quizá menos útil de lo que la profesora se hubiera atrevido a reconocer. Los últimos rescoldos de luz otoñal se iban replegando en las ventanas, marcando así el inicio del horario de tarde-noche en la Escuela de Adultos. Sandra llegó tarde otra vez. En el paso acelerado se adivinaba desasosiego, y al observarla más detenidamente, la profesora se percató de que la alumna parecía querer ocultar su mejilla izquierda tras la capucha de la sudadera. Ya sentada, le asomó al rostro el púrpura del hematoma. La clase dio comienzo. En aquella sesión tocaba practicar ejercicios de sujetos y predicados, incluyendo también casos en   donde el sujeto d...

PLENO EXTRAORDINARIO [MICRORRELATO], por David G. Roca

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La asamblea madrileña no tardó más de un par de minutos en transmutarse y dar lugar a un caleidoscopio de rostros desencajados. Unos rendidos al espanto; otros conquistados por el leve rumor de risillas incrédulas. La convicción fervorosa en la voz en la voz de la Presidenta resonaba en la cámara como zapatos de tacón en un salón de baile abandonado. Dos diputados de la bancada popular intercambiaron miradas perplejas mientras ella iba enumerando las ventajas que tendría para la prosperidad de España un ambicioso proyecto de reindustrialización basado en planes quinquenales y bajo un estricto control social de la producción, garantía de una correcta redistribución de la riqueza generada en el seno de nuestra patria. Las manos blanquísimas sostenían el folio igual que un creyente enfermo se aferraría en su último aliento a la fe ciega en un poder superior y misterioso. El discurso avanzaba implacable ante el desconcierto de la soberanía popular allí representada cuando uno de los ujiere...

SEAMUS HEANEY Y LA POÉTICA DE LO MATERIAL

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Hay quienes, con un rigor casi platónico/agustiniano, consienten en mantener una dicotomía atrincherada entre dos facetas de la poética: la del espíritu y la de la carne; o dicho de otro modo, la del idealismo frente al materialismo. Personalmente, considero que la poesía hecha con los pies en el suelo, esa que nos mancha de barro las manos y nos permite ensuciarnos con la palabra y las cosas a que esta refiere, funciona mejor a la hora de lanzarnos hacia las honduras del fuero interno, cuyo fulgor aparentemente místico está a menudo atravesado por la materia, se engendra y nace de ella. Seamus Heaney (1939-2013), Premio Nobel de Literatura 1995, personifica con una fuerza extraordinaria esta concepción del poema como llamarada reveladora emanada de lo cotidiano, del verso como metafísica de lo telúrico. Si tuviera que escoger un pequeño puñado de poemas para llevarme a una isla desierta, uno de ellos sería, sin duda, "Andamios". Confío en que os remueva algo por dentro. «And...

LUNES DE GLORIA

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Los lunes son menos lunes si Gloria Fuertes te acompaña en el sentimiento. Este es uno de los poemas rescatados que abre la introducción a sus obras "incompletas", volumen editado por ella misma. A veces la literatura, otras veces la vida, se parecen a ese irrefenable deseo infantil de querer asomarse a las ventanas.  VENTANAS PINTADA, de Gloria Fuertes Vivía en una casa  con dos ventanas de verdad y las otras dos pintadas en la fachada. Aquellas ventanas pintadas fueron mi primer dolor. Palpaba las paredes del pasillo, intentando encontrar las ventanas por dentro. Toda mi infancia la pasé con el deseo de asomarme para ver lo que se veía desde aquellas ventanas que no existieron. En:  Obras incompletas, ed. Cátedra.

EL PRIMER DÍA, por David G. Roca

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Gonzalo Belmonte encontró el amor en el fondo de un susurro que, apenas sin palabras, le abrió en un día de otoño el portón de la vida. A partir de aquel momento sólo se reconocería reflejado en el iris color melaza de Jeannine, duplicado para siempre a orillas de unos ojos henchidos de horizontes amplios y veredas infinitas. El cardenal oscurísimo que la semana anterior habían dejado las porras sobre la mejilla de ella no logró astillar siquiera un ápice el imperturbable cristal de su entereza. No la había visto desde que salieron por flancos opuestos de la manifestación. A simple vista, la hinchazón del rostro había remitido ligeramente. Ella no quiso confesarle que desde la tarde del incidente le dolían las sonrisas. La cita la habían concertado a través de un conocido de Jeannine que, a su vez, actuaba de enlace con el primo de Gonzalo, que fue quien decidió que la mejor bienvenida a Madrid que podía ofrecer a su pariente recién llegado era llevarlo a bailar con la policía. Ent...